El nuevo lío en el que se ha metido Paolo Benza del programa streaming La Contra da para un buen dato periodístico, aunque es una lástima que entre periodistas tampoco se gestionen estos debates y suelen ser imposibles.
Paolo Benza habla de un spot publicitario del fujimorismo que ha aceptado pasar su programa como parte de la franja electoral y que paga la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). Lo que le caen son unos 53 mil soles que, por supuesto él explica que se reduce por tributos y pagos, pero de que cae esa plata, le cae.
Muchos de sus seguidores, de su comunidad, lo han criticado duramente porque como se sabe en época electoral no hay coincidencias ni ingenuidades, menos por parte de periodistas y comunicadores.
Las respuestas de Paolo Benza en una entrevista con el programa streaming La Chismería que conducen Andrea Brissolese y Alexa Centurión son -en mi opinión- bastante pobres. Cuando le preguntan por qué pasó ese spot, señala que “no lo he visto”.
Es decir, que no ve siquiera la publicidad que sale en su programa, no le importa, no le interesa, pero si recibe el dinero sin cuestionar. Primer punto curioso para un periodista que más parece que quiere sacar cuerpo de la responsabilidad que significa para muchos ciudadanos y ciudadanas “dime quién te auspicia y te diré quién eres”.
Segundo punto, dice que su jefe de producto con el que ve la publicidad es un extrabajador de ONPE. Esto también podría ser sospechoso para la gente sobre cómo se obtiene la publicidad más aún cuando el dinero de la franja electoral que lo administra la ONPE no se reparte para todos los medios de comunicación sean tradicionales o independientes.
Tercer punto, Benza dice que se debe separar la franja electoral de lo periodístico. Un punto bastante discutido en el mundo periodístico. Lo cierto es que hace bien la gente en sospechar que la publicidad de una empresa o partido puede silenciar, comprar, alquilar conciencias periodísticas. Lo hemos visto y lo recordamos en la prensa chicha creada por el fujimontesinismo y heredada luego que puede demostrarse fácilmente con la línea editorial / opinativa/ informativa de diversos periódicos, televisión, radio y ahora canales streaming que hay por doquier.
“El espectador juzgará”, dice Paolo Benza apelando a un clásico del periodismo algo así como el mito de la “autorregulación”. Sí, claro, como no. Si lo que quiere es que entren a su canal y le sigan dando publicidad.
Le preguntan si entonces el no pondría publicidad de un denunciado por violencia sexual, dice que como persona no quisiera tener una relación comercial con alguien implicado, pero ¿en lo empresarial sí? Y si no es capaz de ver la publicidad que sale en su programa, ¿cómo haría el filtro? Mmmmm.

CANAL YA Y LA UNIVERSIDAD QUE LAS PUBLICITA
Pero llama la atención aquí también el asombro de las conductoras del programa La Chismería de Canal Ya, de Marco Sifuentes, cuando se enteraron por el propio Benza que la Universidad Politécnica del Perú que las auspicia es nada menos que el resultado de lo que fue la Universidad Alas Peruanas involucradísima con el fujimorismo específicamente con Keiko Fujimori.
Ya en 2024, el medio Ojo Público había señalado que, según los registros públicos, la Universidad Politécnica del Perú S.A. tiene como entidad promotora a la Cooperativa de Servicios Múltiples Alas Peruanas (Coopalaspe). Esta última, a su vez, se ha identificado como propietaria de acciones de la Universidad Alas Peruanas.
Además, de acuerdo a la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (Sunat), ambas registran como gerente general a César Augusto Cabrera Cabrera Escudero. Y -señalaron en el artículo- que la UPP tiene como domicilio fiscal un local usado por la UAP, en el distrito limeño de Pueblo Libre.
Joaquín Ramírez, exfinancista de la campaña de Keiko Fujimori y después econgresista también por el partido naranja, es el fundador de la Universidad Alas Peruanas (UAP), fundada el 26 de abril de 1996.
Ahora, revisando nomás en la página de la Universidad Politécnica del Perú, encontramos que los miembros del Comité Consultivo son el exministro Oscar Becerra, ojo, el que tuvo expresiones racistas contra las mujeres indígenas que llegaron a Lima para las protestas contra el régimen de Dina Boluarte. Algo que sus seguidoras y seguidores de La Chismería -programa creado con el apoyo de la organización feminista Manuela Ramos según informan las conductoras- podrían cuestionar por ser un personaje claramente machista, misógino y racista. Está también Idex Vexler, exministro aprista, íntimo de Alan García.

Es también responsabilidad de las y los periodistas saber quiénes los auspician. Saber de dónde llega la plata con la que les pagan y qué alianzas o qué convenios o cómo interviene en el contenido esa empresa, partido o persona que pone la publicidad. No solo por transparencia, sino también por independencia o por defender su independencia. Y para no verse luego involucrados quizá en procesos o juicios en los que puedan verse comprometidos por decisiones de sus directivos.

Todo este asunto del dinero y la franja, más allá de lo que opine cada periodista y cómo asuma su responsabilidad sobre lo que escribe o publicita, nos lleva a un tema mucho más profundo en el mundo del periodismo.
Y es como el origen de los diarios chicha, la descomposición de la prensa independiente a raíz del monopolio que sobre todo ejerce el Grupo El Comercio y la magalización de la prensa y los streamers, han pervertido el ejercicio de la prensa en general.
Periodistas que no tienen dónde trabajar, que son juzgados por lo que piensan o por los medios de comunicación en los que trabajaron, peleándose la repartija de la plata del Estado o de la Cooperación Internacional o de quién sea para sobrevivir.
La prensa en el Perú en tiempos de autoritarismo y dictadura se ve cada vez mas expuesta en la muerte de sus principios. La plata por encima de todo. Porque la prensa también es parte del país despedazado. Es una prensa pobre, marginada, silenciada, autocensurada, criminalizada y mucho ha tenido que ver el fujimorismo en esto y hoy otros partidos también. Qué difícil sobrevivir mordiéndose la cola propia. Confiemos en la prensa que investiga, que reflexiona, que no se cree más que otra. Y lo que se tenga que corregir, que se corrija sin egos absurdos. Sí, a pesar de todo, todavía hay prensa en la que se puede confiar. Las elecciones serán un punto de quiebre, como siempre lo son, para saber quién es quién.

