Una nueva escuela pública de cine que imagino su propio país, por Mónica Delgado

por | Oct 6, 2026 | Opinión, Uncategorized

Por Mónica Delgado

Para lograr una escuela de cine pública en el Perú se ha tenido que romper con la idea que tenía que ser una iniciativa exclusiva del Ministerio de Cultura (Mincul). Durante más de una década, esta demanda hacia esta instancia fue creciendo entre cineastas, productores y demás miembros, y también fue ganando terreno en el sentido común de la comunidad; sin embargo, pensar otras salidas existían (como proponerla desde los mismos espacios de la universidad pública), pero se necesitaban consensos y acudir a otras instancias formativas. Como pasa con el deseo de contar con una cinemateca nacional, que también se deja en manos del Mincul, se tuvo que iniciar diversos procesos distintos de gestión, pensando también qué tipo de cine peruano se quiere construir, qué tipo de formación se debería dar en el marco de una posible escuela pública y dentro de un compromiso por hacerla realidad.

En un país donde la formación cinematográfica sigue durante décadas en manos de iniciativas privadas, escuelas especializadas, talleres y espacios de formación en el extranjero, cuyo acceso implica pensiones onerosas, becas inalcanzables o postular a concursos, la existencia de una institución pública dedicada a formar cineastas ha supuesto un reto de mayor alcance: modificar las condiciones desde las cuales se producen las imágenes, ampliar la posibilidad de acceso al conocimiento cinematográfico y acercar esta oportunidad a quiénes tienen derecho a representar historias y formas expresivas desde sus propias realidades.

Formarse para hacer cine desde la universidad pública parte también de un componente ético en tiempos de canibalismo creativo y económico: implica aprender a mirar, seleccionar, encuadrar, narrar y construir personajes, territorios y conflictos desde un lugar de enunciación, desde un “yo” que ha estado desplazado, pese a los estímulos del Mincul y al crecimiento del cine regional. Por eso, no se puede dejar de lado que a lo largo de estos años las instituciones que forman cineastas, realizadores, directores y otros perfiles profesionales han participado de todas formas en la construcción de una determinada cultura audiovisual, algunas for export y otras acomodadas desde la autocensura y displicencia. Cuando esa formación está concentrada en sectores sociales privilegiados, que cuentan con mayores recursos económicos y culturales, también existe el riesgo de que determinadas experiencias permanezcan sobrerrepresentadas y otras queden fuera del campo de lo visible.

La creación de una escuela pública desde una de las entidades más antiguas y representativas de América, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), introduce una cuestión fundamental: democratizar el acceso para estudiar cine y el derecho a producir representaciones distintas: una práctica temida por las ultraderechas en años recientes. La llegada de estudiantes con experiencias distintas de diversas partes del país, ya que la UNMSM ha sido un reflejo histórico de la diversidad de nuestro territorio, puede producir otras construcciones de la ciudad y del campo, de las migraciones, de las comunidades indígenas, amazónicas y afroperuanas, de las periferias urbanas, de las relaciones de género, del trabajo, de las identidades, la memoria y las desigualdades.

También el sueño de los docentes de audiovisuales y otros especialistas que han promovido esta creación tiene que ver con incorporar otras formas de conocimiento y de interpretación de la realidad. Se sueña con que esta nueva escuela de cine pueda conservar memorias, interrogar archivos, reconstruir acontecimientos, producir testimonios y explorar aquello que permanece fuera de los discursos oficiales. Una escuela universitaria de cine tienela posibilidad de establecer un diálogo fértil entre creación, investigación y pensamiento crítico.

La creación de una escuela pública de cine no resolverá por sí sola las desigualdades del audiovisual peruano, pero puede modificar una de sus condiciones fundamentales: el acceso a la formación. Y esta viene acompañada por investigación, experimentación estética, pensamiento crítico, diversidad territorial y apertura a distintas formas de conocimiento, su impacto puede exceder ampliamente las aulas.

En un país como el Perú, esa posibilidad tiene una importancia que trasciende la creación de una simplenueva carrera universitaria: significa el comienzo de una transformación en la manera en que se construye, se disputa y se imagina el propio país desde el cine.

Monica Delgado es crítica de cine. Investigadora Renacyt. Directora Desistfilm. Doctora en Historia del Arte. Magíster en Literatura con mención en Estudios Culturales